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En un pronunciamiento reciente, el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha dejado claro que, bajo ninguna circunstancia, un laico puede ser el encargado de pronunciar la homilía durante una celebración litúrgica. Esta respuesta surge a raíz de una consulta realizada por los obispos alemanes el 30 de marzo, quienes inquirieron sobre la posibilidad de que laicos cualificados pudieran asumir este rol en casos excepcionales.
La carta, fechada el 17 de junio de 2026 y dirigida a Monseñor Heiner Wilmer, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, expresa el agradecimiento del Dicasterio por las preocupaciones pastorales que motivaron la solicitud, pero afirma categóricamente que la homilía es un elemento intrínsecamente ligado a la proclamación del Evangelio y, por lo tanto, reservado a sacerdotes o diáconos. Se subraya que esta disciplina no se basa en una mera norma disciplinaria, sino en la naturaleza misma de la liturgia.
La homilía es considerada una parte integral de la Liturgia de la Palabra, estrechamente vinculada a la proclamación del Evangelio y ejerce el munus docendi, o el oficio de enseñar, que es confiado a los ministros ordenados a través del Sacramento del Orden. La proclamación de la Palabra dentro de la celebración litúrgica es inseparable de la misión recibida sacramentalmente y de la unidad que liga la Palabra y el Sacramento en la celebración eucarística.
Además de reiterar la importancia de la formación continua de los ministros ordenados para que la homilía pueda expresar plenamente su eficacia pastoral y espiritual, el Dicasterio también recuerda que existen numerosas formas de proclamación de la Palabra y predicación que pueden ser confiadas a los fieles laicos fuera de la homilía y la celebración de la Eucaristía, de acuerdo con el derecho canónico y la naturaleza específica de estas diferentes formas de proclamar el Evangelio.
En esencia, la postura del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos refuerza la comprensión de que la homilía es un elemento fundamental en la celebración litúrgica que debe ser preservado en su integridad, destacando al mismo tiempo la importancia de la participación de los laicos en otros aspectos de la vida eclesial.