@abrilpenaabreu
Hay decisiones que cuesta entender. ¿Por qué esperar a que un problema estalle si desde hace tiempo se sabía que existían ambigüedades y vacíos que debían corregirse? ¿Por qué actuar solo cuando la crisis ya está instalada?
Resolver un problema después de que explota puede hacer que quien llega con la solución luzca como un héroe, pero eso no siempre significa que exista una buena gestión. Muchas veces no se trata de una cura, sino de un parche para contener los daños.
Si se conocían las debilidades del Código Penal, ¿era necesario esperar a que generaran incertidumbre, preocupación y tensión social para entonces intervenir? La prevención casi siempre cuesta menos que la reacción.
Y el Código Penal es apenas un ejemplo, quizás el más visible en este momento, pero difícilmente el único. La sensación de reacción tardía se ha repetido en distintos escenarios. Ahí está el caso del joven asesinado en Herrera: posteriormente se conoció que no solo el agente involucrado, sino también miembros de su equipo, acumulaban quejas e incluso suspensiones previas. Eso inevitablemente abre una pregunta: ¿existían señales suficientes para haber intervenido antes de que ocurriera una tragedia? Cada caso tiene sus particularidades y no siempre es posible evitar un desenlace, pero cuando las alertas se repiten, la prevención deja de ser una opción para convertirse en una responsabilidad.
Y así podríamos revisar caso tras caso, no necesariamente porque todos fueran evitables, sino porque muchos mostraban señales de alerta que parecieron pasar inadvertidas o no recibieron la respuesta necesaria. Esa acumulación de episodios termina proyectando una imagen de poco control y de escasa capacidad para anticipar riesgos.
Gobernar también significa anticiparse, significa medir el clima social, analizar los datos, escuchar las señales de alerta y evaluar el impacto que pueden tener determinadas decisiones antes de que el descontento se convierta en una crisis.
Hoy existen herramientas de análisis de datos, monitoreo de tendencias y medición del sentimiento ciudadano que permiten detectar con anticipación cuándo un tema comienza a generar preocupación. La pregunta es si esas herramientas se están utilizando de forma efectiva para prevenir conflictos o únicamente para administrar las consecuencias.
Muchos de los temas que hoy generan crisis pudieron haberse abordado antes de explotar. Sin embargo, la percepción que queda es que el monitoreo permanente, la gestión preventiva y el manejo estratégico de crisis siguen brillando por su ausencia. Y cuando la reacción sustituye de manera sistemática a la prevención, las crisis dejan de ser excepciones y comienzan a convertirse en un patrón.
Porque no solo está en juego la tranquilidad social, también está en juego la confianza. Los inversionistas observan la estabilidad institucional antes de tomar decisiones. Cuando aumenta la incertidumbre, muchos proyectos simplemente se ralentizan a la espera de un panorama más claro.
La República Dominicana ha tenido durante años un activo muy valioso: la paz social. No deberíamos asumir que esa estabilidad está garantizada para siempre. Basta una chispa en el momento equivocado para encender un avispero que luego resulta mucho más difícil controlar.
Las grandes crisis rara vez aparecen de un día para otro, normalmente envían señales antes de estallar. La verdadera fortaleza de un gobierno no debería medirse únicamente por cómo apaga los incendios, sino por cuántos logra evitar antes de que comiencen.