La República Dominicana no nació en una firma ni en una reunión diplomática…Nació en una noche de miedo.
Cuando se proclamó la Independencia el 27 de febrero de 1844, nadie tenía garantía de que el país sobreviviría una semana, había un ejército organizado al otro lado, y del lado dominicano había algo mucho más frágil: una idea.
Ni siquiera existía todavía una identidad dominicana clara. No había aún símbolos consolidados, ni cultura definida, ni tradiciones diferenciadas. Había apenas una voluntad: no ser otra cosa.
Y con eso bastó.
Durante años los dominicanos defendimos nuestro territorio en enfrentamientos militares reales. No eran escaramuzas eran batallas y ganamos todas y cada una de ellas . Luego vendrían presiones extranjeras, intentos de control, intereses geopolíticos sobre la isla. Tampoco pudieron o eso creíamos.
Porque hoy entre la geopolítica y la realidad enfrentamos algo distinto.
Porque los países no sólo se pierden cuando los invaden, también se pierden cuando dejan de sentirse propios.
Hoy muchos dominicanos (aunque deberíamos ser todos) saben la fecha del 27 de febrero… pero no saben qué significa. Otros la ven como un día libre. Y una parte, cada vez mayor, simplemente no se siente conectada con la idea de nación.
Nuestro idioma cambia hasta el punto de fragmentarnos generacionalmente, nuestra gastronomía desaparece de las casas, nuestras tradiciones se consideran aburridas, nuestra historia no interesa, no es culpa de los jóvenes, es la falta de transmisión.
Hay una diferencia enorme entre conmemorar y celebrar:
Conmemorar desgraciadamente es casi cumplir con el calendario.
Celebrar es sentir orgullo.
Y lentamente estamos pasando de celebrar la dominicanidad… a sólo recordarla.
Las guerras modernas no siempre tienen disparos. Se ganan o se pierden en la educación, en la cultura, en lo que enseñamos en casa, en lo que defendemos o dejamos de defender.
La independencia política la obtuvimos hace 187 años. La independencia cultural hay que defenderla todos los días.
Porque el día que olvidemos por qué existe el 27 de febrero… ese día no habremos perdido el territorio.
Habríamos perdido algo peor: el sentido de ser dominicanos.