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En un contexto global marcado por cambios acelerados, donde las identidades se diluyen y los referentes tradicionales pierden fuerza, la educación enfrenta un desafío que va mucho más allá de lo académico. Hoy, educar implica formar ciudadanos con conciencia, carácter y sentido de pertenencia. En ese escenario, resulta relevante el compromiso que ha asumido el ministro de Educación, Luis Miguel De Camps, con la promoción de los valores patrios, cívicos y morales como parte esencial de la formación de los jóvenes dominicanos.
La jornada cívica y pedagógica nacional realizada por el voluntariado Agentes al 100, con motivo del natalicio de Juan Pablo Duarte trascendió el acto conmemorativo tradicional. La segunda misión del voluntariado, denominada Corazón de Duarte, evidenció una visión educativa que apuesta por llevar los valores desde el aula hasta la práctica, reforzando la identidad nacional y la conciencia cívica en los centros educativos del país.
Esta iniciativa se enmarca dentro de la estrategia Ciudadanos al 100, surgida a partir de la reintegración de la asignatura Moral, Cívica y Ética Ciudadana al currículo escolar del Minerd. Se trata de una decisión que reconoce una realidad ineludible: durante años, la formación académica avanzó sin un acompañamiento sólido en valores, dejando vacíos que hoy se reflejan en la convivencia social y en la débil cultura cívica.
Durante su intervención, el ministro De Camps subrayó que, aunque los tiempos han cambiado, la responsabilidad con la Patria sigue siendo igual de grande. Enfatizó que la lucha de esta generación no es bélica ni ideológica, sino moral: proteger nuestra identidad, nuestros valores y nuestra conciencia cívica. Recordó, además, que el mayor legado de Duarte no fue únicamente histórico, sino profundamente ético.
Preservar la dominicanidad, en este contexto, no es un concepto abstracto ni una consigna nostálgica. Es una tarea diaria que requiere carácter, coherencia y compromiso, especialmente en una sociedad expuesta constantemente a influencias externas que, sin filtros, pueden desdibujar lo propio. Muchos jóvenes necesitan hoy ese reforzamiento que les permita reconocerse, valorarse y mantenerse firmes en su identidad como dominicanos.
El valor de estas iniciativas no reside solo en su diseño, sino también en la coherencia entre el discurso y la acción. Que el titular de Educación acompañe personalmente a los estudiantes en jornadas comunitarias refuerza el mensaje pedagógico: el civismo se enseña con el ejemplo. Y basta observar la receptividad y el entusiasmo de los jóvenes participantes para comprender que estos esfuerzos generan impacto real.
Resulta especialmente significativo que desde una institución pública se impulse el liderazgo ético, el servicio comunitario y la formación cívica como pilares del proceso educativo. El voluntariado Agentes al 100 envía una señal clara de que el relevo generacional puede asumir su rol con responsabilidad cuando se le brindan herramientas y orientación.
A este esfuerzo se suma una nueva campaña del Ministerio que amplía el mensaje más allá del ámbito escolar, dejando claro que la protección de la identidad dominicana no es una tarea exclusiva del estudiantado, sino un compromiso colectivo que involucra a toda la sociedad.
Como bien expresó el ministro De Camps, Duarte permanece vivo no solo en los libros de historia, sino en la conducta ciudadana. Mientras haya dominicanos dispuestos a ejercer la Patria desde la ética, el respeto y el compromiso cívico, la República seguirá viva.