Cada 2 de abril, el azul tiñe las redes sociales y los monumentos se iluminan para «concienciar» sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA). Sin embargo, para las miles de familias dominicanas que conviven con esta condición, la realidad no es color azul, sino gris; un gris teñido por la burocracia, la falta de cobertura y un costo de vida que se vuelve prohibitivo.
Es cierto, hemos avanzado, la promulgación de la Ley 34-23 marcó un hito legal, y el reciente lanzamiento del programa «SeNaSa InTEgrA» este febrero de 2026 —con un presupuesto de RD$200 millones para beneficiar inicialmente a 3,000 niños— es una luz al final del túnel. Pero, ¿qué pasa con el resto?
A pesar de la ley, el grueso de las ARS privadas sigue mirando hacia otro lado. El acceso a diagnósticos, que puede rondar los RD$50,000, y las terapias mensuales, que superan los RD$20,000, siguen siendo un gasto de bolsillo. Sumando alimentación especializada, medicación y escolaridad, el costo familiar escala fácilmente a los RD$100,000 mensuales, en un país donde el salario mínimo es una fracción de esa cifra, el autismo se ha convertido en un diagnóstico que empobrece.
Según datos de CONADIS, para 2025 ya se habían certificado más de 6,500 menores con TEA, pero la cifra real de dominicanos en el espectro es incalculablemente mayor debido al subregistro y la falta de centros diagnósticos en provincias alejadas.
Los CAID no dan abasto: Aunque centros como el CAID son modelos de excelencia, sus listas de espera son interminables.
Minerd y la deuda educativa: Las aulas específicas de inclusión en las escuelas públicas siguen siendo insuficientes. El sistema educativo nacional aún no cuenta con la cantidad de sombras y terapeutas necesarios para garantizar el derecho a la educación que la Constitución y la Ley 34-23 prometen.
Uno de los puntos más críticos y menos discutidos es la alimentación. Para muchas familias, la dieta libre de gluten, caseína y azúcares no es un lujo, es una necesidad metabólica y conductual. Sin embargo, los productos especializados son escasos y sus precios, un insulto al presupuesto familiar. A esto se suma el vacío de información: las familias navegan a ciegas, sin una guía oficial que les enseñe a manejar la condición desde el hogar sin que esto signifique la quiebra financiera.
No basta con luces azules ni con «planes piloto» que apenas cubren a una minoría. El Estado Dominicano debe pasar de la intención a la ejecución forzosa:
1. Exigir cobertura total e inmediata por parte de todas las ARS, sin excusas actuariales.
2. Descentralizar los servicios para que no haya que viajar a la capital para recibir una terapia.
3. Subsidiar la alimentación y medicación específica para TEA.
Hoy, Día Mundial del Autismo, celebramos los avances, pero denunciamos la precariedad. El autismo en República Dominicana sigue estando, lamentablemente, en manos del sector privado. Mientras el código postal o el balance bancario decidan el futuro de un niño con TEA, la inclusión será solo una palabra bonita en un papel oficial.
Es hora de que la ley baje del papel a la cuenta del banco de las familias dominicanas.
¿Hasta cuándo el futuro de un niño dominicano dependerá de la capacidad de pago de sus padres?