“Que nadie menosprecie tu juventud; sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza.” 1 Timoteo 4:12
por: Dániel Lajara
Cada 31 de enero, la República Dominicana celebra el Día Nacional de la Juventud, una fecha instituida por la Ley No. 20-93 que reconoce el papel vital de los jóvenes en la sociedad y busca visibilizar sus desafíos, aspiraciones y aportes a la nación. Esta efeméride honra al sacerdote San Juan Bosco, educador y defensor de jóvenes desfavorecidos, y representa una oportunidad para reflexionar sobre las condiciones reales que enfrentan las nuevas generaciones del país.
Hoy, en el Día Nacional de la Juventud, debemos mirarnos sin eufemismos. No es momento de discursos vagos, sino de confrontar la cruda realidad de millones de jóvenes dominicanos que, pese a ser el motor demográfico del país, están siendo ignorados y tristemente entretenidos por el sistema corrupto y desigual y no tomados en cuenta con la intención de mejorar su calidad de vida.
En 2025, la tasa de desempleo juvenil (15-24 años) fue de 11.68 %, según datos del Banco Mundial y de fuentes económicas internacionales. Esta cifra puede parecer menor en comparación con otros países, pero esconde una tragedia mayor: no solo hay desempleo, sino subempleo e informalidad estructural que condenan a los jóvenes a trabajos precarios sin seguridad social ni beneficios reales.
Pero si hablamos de problemas estructurales, tenemos que hablar de los llamados “ninis”: jóvenes que ni estudian ni trabajan. Según datos del Banco Mundial y la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), en 2025 este grupo representa alrededor de 37.7 % de la población juvenil dominicana y ocupando uno de los principales lugares en América Latina y el Caribe con alrededor de 890 mil jóvenesen esta situación, lo que equivale a cerca del 30 % del total, siendo superado en su mayoría por las mujeres.
Ahora bien, esto no termina en el bolsillo. Está afectando la salud mental de nuestros jóvenes. Datos oficiales señalan que alrededor del 20% de la población dominicana sufre al menos un trastorno mental, incluyendo depresión en cerca del 6.4 %y ansiedad en un 4% con impactos directos sobre la calidad de vida de muchos jóvenes dominicanos.
Además, la tasa de suicidios fluctúa entre 6.6% y 7.1% por cada 100,000 personas entre 2019-2023, una cifra que refleja problemas serios de salud pública si consideramos la falta de servicios de apoyo adecuados.
En el plano social y cultural, la juventud está atrapada entre una sociedad que reclama modernidad y, simultáneamente, no genera las condiciones para que esa modernidad se materialice. El acceso a servicios de salud, educación superior y formación profesional sigue siendo desigual, particularmente para jóvenes de zonas rurales o con menos recursos.
Estas políticas no están teniendo el impacto masivo que el desafío requiere. Los esfuerzos brillan por su ausencia cuando la juventud sigue enfrentando tasas de inactividad económica y exclusión social que duplican las de adultos, y cuando los sistemas de salud mental y apoyo emocional no están a la altura de las necesidades reales.
No podemos seguir con discursos motivacionales vacíos. Hay que decir las cosas como son: la juventud dominicana enfrenta crisis estructurales graves, y muchos de los instrumentos que el Estado diseñó para atenderlos siguen siendo promesas sin cumplir del todo.
La juventud representa una parte significativa de nuestra población, pero no vive una realidad digna de desarrollo ni de esperanza sostenible. El Estado dominicano creó un entramado institucional que debería articular las políticas públicas juveniles, pero la ejecución y efectividad han sido limitadas.
La Ley General de Juventud 49-00 ordena la creación de Consejos Municipales, Provinciales y un Consejo Nacional de la Juventud, espacios donde se supone que los jóvenes se organizan, participan y deciden políticas desde su propia perspectiva. En teoría, estos consejos conforman una estructura de participación juvenil con representación en cada nivel del territorio. Sin embargo, en la práctica, su implementación real ha sido irregular y fragmentada, con muchos municipios todavía sin consejos plenamente funcionales y sin un Consejo Nacional de Juventud consolidado como órgano de incidencia real.
De igual forma, el Sistema Nacional de Juventud, que debería ser el marco que articula a todas las instancias (Ministerio, Gobiernos locales y sociedad civil) para ejecutar políticas y compartir información, aún no opera con la cohesión ni los recursos que necesita para impactar significativamente en la vida de los jóvenes.
Las Casas de la Juventud, creadas como espacios físicos y sociales de desarrollo integral, sigue estando ausente en los territorios locales y sigue siendo limitada frente a una juventud que ronda cientos de miles de jóvenes sin oportunidades reales de formación y empleo.
El Sistema de Información Juvenil y el Sistema Estadístico de Juventud, previstos como herramientas para recopilar datos, monitorear indicadores juveniles y orientar políticas públicas, existen en papel y como plataformas que el Ministerio intenta consolidar; pero su impacto real no ha sido aún suficiente para cambiar las decisiones de fondo sobre empleo, salud mental o acceso a educación.
El Plan Nacional de Juventud 2020-2030, aprobado con apoyo técnico internacional y en consulta con distintos sectores juveniles, es un instrumento ambicioso para articular acciones intersectoriales (educación, empleo, salud, cultura). Sin embargo, la falta de un plan de acción implementado con plazos, presupuesto y mecanismos de seguimiento claros sigue siendo un obstáculo para traducirlo en cambios tangibles en la vida de los jóvenes. Actualmente está en proceso de construcción su Plan de Acción 2025-2030, lo que indica que aún no se ha consolidado del todo la ruta operativa de este plan nacional.
Por eso, en este Día Nacional de la Juventud, debemos exigir:
1. Consejos de Juventud municipales, provinciales y el nacional con funcionamiento real y recursos claros.
2. Un Sistema Nacional de Juventud que integre datos, políticas y acción con participación juvenil efectiva.
3. Casas de Juventud con cobertura en cada municipio, con personal capacitado y programas dirigidos a empleo y productividad.
4. Implementación real del Plan Nacional de Juventud 2020-2030 con metas, plazos y evaluación pública periódica.
Porque no basta con celebrar un día si cada día seguimos dejando a nuestros jóvenes sin respuestas concretas a sus problemas de empleo, de formación, de participación, de inclusión y de esperanza.
La conmemoración del Día Nacional de la Juventud no debe limitarse a celebraciones simbólicas. Es esencial que el Estado, la sociedad civil y el sector privado fortalezcan las instituciones, implementen políticas públicas con financiamiento adecuado, y generen espacios reales de participación juvenil. Solo así podrá la República Dominicana transformar el enorme potencial de su juventud en desarrollo sostenible, justicia social y prosperidad económica.
Porque más que celebrar, debemos garantizar oportunidades reales para que nuestros jóvenes no solo sueñen, sino que puedan construir su futuro dentro de su propia patria.
La Escritura nos recuerda:
“Porque yo sé los planes que tengo para ustedes, declara el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza.” Jeremías 29:11
Esta promesa no niega las dificultades, pero afirma que el futuro no está perdido, incluso cuando el presente parece incierto.
También hay un llamado claro a quienes dirigen, educan y gobiernan:
“Aprended a hacer el bien; buscad la justicia, socorred al oprimido.” Isaías 1:17
No se puede hablar de fe sin compromiso social, ni de juventud sin responsabilidad colectiva. Una nación que no cuida a sus jóvenes está renunciando a su propio mañana.
A la juventud dominicana, la Biblia le recuerda que no fue creada para la resignación, sino para la transformación:
“Los jóvenes se cansan y se fatigan, pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas.” Isaías 40:30-31
Esperar en Dios no es quedarse inmóvil; es caminar con esperanza, con disciplina y con fe activa, aun cuando el camino sea cuesta arriba.
Hoy es tiempo de levantar una generación que no solo reclame derechos, sino que también asuma valores; que no solo critique, sino que proponga; que no se rinda ante la frustración, sino que crea que el cambio es posible, con Dios como fundamento.
Que este Día Nacional de la Juventud no sea solo una fecha en el calendario, sino un recordatorio de que Dios sigue llamando a los jóvenes a ser luz, sal y esperanza en medio de una nación que los necesita.
“Levántate y resplandece, porque ha venido tu luz.” Isaías 60:1