RDalDescubierto
En el Reino Unido, se conmemora el centésimo aniversario del nacimiento de la reina Isabel II, una figura que dejó una impronta indeleble en la monarquía británica gracias a su dedicación incansable al servicio público, su capacidad para adaptarse a los cambios y su gestión eficaz de las crisis familiares y nacionales.
Con ocasión de este centenario, se erigirá una estatua de la reina en el parque de St James’s, frente al palacio de Buckingham, diseñada por el prestigioso arquitecto Norman Foster, que incluye un puente inspirado en su tiara nupcial y un sendero conmemorativo. Además, en la Galería del Rey se ha inaugurado una exposición que muestra el vestuario de la reina, desde su bautizo hasta sus cenas de Estado.
La reina Isabel II nació el 21 de abril de 1926 en la casa de sus abuelos maternos, los condes de Strathmore, en el barrio londinense de Mayfair. En ese momento, no estaba destinada a convertirse en la futura monarca del Imperio Británico, pero el curso de la historia cambió drásticamente en diciembre de 1936, cuando el rey Eduardo VIII renunció al trono para casarse con la estadounidense Wallis Simpson, lo que convirtió a su hermano, el príncipe Alberto, en el nuevo rey y a su hija mayor en la heredera al trono.
La abdicación de Eduardo VIII tuvo un impacto profundo en el país y en el nuevo rey, Jorge VI. La reina madre, también llamada Isabel, nunca perdonó a su cuñado por considerar su decisión una traición a la corona. La princesa Isabel, consciente del daño causado, prometió a los 21 años que dedicaría su vida al servicio del país, y así lo cumplió.
El 6 de febrero de 1952, tras la muerte de su padre, Isabel II inició el reinado más largo de la historia británica, que duró hasta el 8 de septiembre de 2022. Durante sus 70 años de reinado, vio a 15 jefes de gobierno en el 10 de Downing Street, desde Winston Churchill hasta Liz Truss. Casada con el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, en 1947, asumió el trono en un momento de gran cambio para el Reino Unido, que comenzaba a recuperarse de la Segunda Guerra Mundial y a gestionar la descolonización de su imperio.
Se le atribuye a Isabel II su capacidad para liderar el fin del imperio y la creación de la Mancomunidad Británica de Naciones, integrada por antiguas colonias y territorios de los que era jefa de Estado. La soberana entendió que la monarquía debía ser visible y accesible para sobrevivir en el siglo XX, y así, adaptó la institución a los cambios tecnológicos, sociales y políticos de su época, emitiendo discursos navideños por televisión, caminando entre la gente y gestionando los problemas personales de su familia.
Isabel II siempre mantuvo una estricta neutralidad política, lo que garantizó la cohesión nacional incluso en tiempos de crisis. Su legado es enorme, y su influencia en la monarquía británica es imborrable. La reina demostró ser una roca para los británicos, proporcionando estabilidad y unidad en momentos de gran cambio y turbulencia.