Lima, Perú.— Perú entra en la fase decisiva de una de las elecciones presidenciales más tensas e inciertas de los últimos años. A pocos días de la segunda vuelta electoral, los candidatos Keiko Fujimori y Roberto Sánchez llegan a la recta final en medio de un escenario marcado por la polarización, el voto indeciso y el desgaste institucional de un país que ha vivido años de inestabilidad política.
Las más recientes mediciones reflejan un panorama de empate técnico, con ligeras variaciones dependiendo de la firma encuestadora, lo que anticipa una elección cerrada donde cada voto podría resultar determinante.
La contienda enfrenta dos visiones políticas y económicas distintas, en un país que todavía intenta recuperar estabilidad tras una sucesión de crisis presidenciales, protestas sociales y constantes choques entre el Ejecutivo y el Congreso.
Keiko Fujimori apuesta al orden y la estabilidad económica
La candidata del partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori, busca llegar por cuarta vez a la presidencia peruana con una campaña centrada en la seguridad ciudadana, el fortalecimiento económico y el combate a la delincuencia.
Su discurso ha puesto énfasis en el orden institucional, la atracción de inversión privada y medidas más severas contra el crimen organizado, uno de los principales temas de preocupación de los peruanos.
Sin embargo, Fujimori continúa enfrentando uno de sus mayores desafíos políticos: el rechazo de una parte significativa del electorado al legado del expresidente Alberto Fujimori, una figura aún profundamente divisiva en Perú.
Para sus simpatizantes, representa experiencia y capacidad de gestión. Para sus detractores, revive temores relacionados con prácticas autoritarias y concentración del poder.
Roberto Sánchez busca capitalizar el cansancio político
Del otro lado, Roberto Sánchez ha intentado consolidarse como una opción de cambio moderado, distanciándose de los sectores más radicales de la izquierda peruana.
Su propuesta se enfoca en una mayor inversión social, fortalecimiento institucional, reactivación económica con inclusión y reformas orientadas a disminuir la desigualdad territorial entre Lima y las regiones históricamente excluidas.
El candidato ha ganado fuerza particularmente en provincias y zonas rurales, donde el descontento con la clase política tradicional sigue siendo elevado.
Analistas consideran que su reto principal será convencer al electorado urbano y empresarial de que su eventual gobierno no implicaría un giro brusco en el modelo económico peruano.
Un país cansado de la crisis política
Más allá de los candidatos, esta elección ocurre en un contexto de fuerte desgaste democrático.
En menos de una década, Perú ha experimentado múltiples cambios presidenciales, destituciones, investigaciones por corrupción, protestas masivas y enfrentamientos institucionales que han erosionado la confianza ciudadana.
El voto indeciso y el llamado “voto anti” continúan siendo factores clave: muchos electores parecen decidir más por evitar el triunfo del adversario que por una adhesión firme a un proyecto político.
¿Qué está en juego para América Latina?
El resultado también podría tener implicaciones regionales.
Un eventual triunfo de Keiko Fujimori podría acercar a Perú a posiciones más alineadas con gobiernos conservadores y promercado en América Latina, reforzando temas como seguridad, inversión extranjera y cooperación económica.
Mientras, una victoria de Roberto Sánchez podría representar un giro hacia políticas sociales más expansivas, aunque analistas descartan un modelo similar al del expresidente Pedro Castillo, debido al alto costo político que dejó aquella experiencia.
Con el recuerdo aún fresco de la inestabilidad reciente, Perú vuelve a las urnas con una pregunta de fondo: ¿apostará por el regreso de una figura conocida o por una alternativa de cambio en busca de una nueva etapa política?