RDalDescubierto- Las recientes declaraciones de la comunicadora Consuelo Despradel volvieron a colocar en la agenda mediática regional el tema del narcotráfico en México, tras referirse a la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Durante su intervención radial, Despradel comentó que la captura del capo habría estado vinculada a una supuesta relación personal con una influencer y analizó además las acusaciones que desde sectores políticos mexicanos se han realizado sobre el manejo de la lucha contra los carteles por parte del gobierno.
Sin embargo, la historia reciente del narcotráfico mexicano muestra que no sería un caso aislado.
Varios de los principales líderes criminales han sido localizados a partir de relaciones personales, errores de confianza o filtraciones indirectas.
El precedente más conocido fue el de Joaquín “El Chapo” Guzmán, líder del Cártel de Sinaloa, cuya localización en 2016 se facilitó tras los contactos que sostuvo con la actriz Kate del Castillo y el actor Sean Penn, quienes buscaban realizar una película biográfica. Las autoridades mexicanas aprovecharon el rastreo de esas comunicaciones para ubicarlo y proceder a su captura.
Algo similar ocurrió con el narcotraficante colombiano Pablo Escobar, quien fue ubicado en 1993 cuando una llamada telefónica realizada a su familia permitió triangular su posición en Medellín.
Especialistas en seguridad señalan que, pese a sus enormes estructuras criminales, muchos grandes capos han sido capturados no por operativos militares directos, sino por errores humanos: comunicaciones personales, vínculos sentimentales o exceso de confianza.
“El Mencho” es considerado por agencias internacionales como uno de los criminales más poderosos del hemisferio occidental. Su organización ha sido señalada por tráfico internacional de drogas, lavado de activos, secuestros y control territorial armado en distintas regiones mexicanas.
El tema mantiene atención internacional debido a que el narcotráfico no solo impacta la seguridad interna de México, sino también el flujo de drogas hacia Estados Unidos, Centroamérica y el Caribe, zonas que forman parte de las rutas estratégicas del crimen organizado.
Analistas advierten que la caída de un líder no implica necesariamente el fin de una organización criminal; por el contrario, frecuentemente provoca reacomodos internos y disputas violentas por el control territorial.
Las declaraciones de Despradel se suman así a un debate más amplio sobre la relación entre crimen organizado, gobernabilidad y seguridad regional.