En los últimos días, el comunicador José Laluz puso sobre la mesa una reflexión incómoda a raíz de un hecho reciente: la muerte de un presunto delincuente conocido como “Chukito”, abatido por agentes del Dicrim tras enfrentar una patrulla.
Según Laluz, este individuo formaba parte del entorno urbano, incluso como artista, y —según su planteamiento— no tenía necesidad de involucrarse en ese tipo de actividades.
Pero su denuncia fue más allá, señaló que existe una cultura que ha normalizado la confrontación con la autoridad, donde incluso arriesgar la vida en ese tipo de escenarios puede interpretarse como una forma de reconocimiento o notoriedad.
Y fue directo al origen de ese comportamiento: una influencia cultural importada y modelos internacionales donde el conflicto con la ley se convierte en símbolo de estatus
Para ilustrarlo, mencionó figuras como Tupac Shakur, The Notorious B.I.G., 50 Cent y Anuel AA.
Finalmente, dejó una invitación abierta: observar con detenimiento quiénes están ocupando hoy escenarios como los Premios Soberano, no pasaron 15 días y Yailin está presa DE NUEVO.
Más allá de la precisión de cada caso, el señalamiento apunta a algo mayor, no es un hecho aislado, es una lógica.
En cuestión de semanas, el país ha visto situaciones que, aunque distintas, terminan conectando en la percepción pública.
La detención reciente de Yailin La Más Viral casos previos como el de Masha, Honguito, Rochy RD, Tokisha, Dylon Baby y eso solo por mencionar algunos.
La discusión que se genera en torno a los entornos del movimiento urbano… todo eso construye una narrativa.
Porque De la cultura al comportamiento ahí es donde el tema deja de ser entretenimiento.
Porque cuando ciertos códigos culturales —la confrontación, la transgresión, el desafío a la autoridad— comienzan a asociarse con reconocimiento o peor aún con el éxitos, algo cambia.
Lo que antes era advertencia… se convierte en aspiración.
Y cuando eso ocurre, la conducta empieza a seguir a la narrativa, la validación amplifica el mensaje y ese es un elemento que no puede ignorarse:
Cuando figuras del entretenimiento con trayectorias marcadas por controversias son llevadas a escenarios de prestigio, el mensaje que se envía no es neutral.
Y cuando esas mismas figuras logran posicionarse en otras industrias —como la moda o la publicidad— el impacto es aún mayor.
No se trata solo de visibilidad, se trata de legitimación, una sociedad que en vez de exigir excelencia se adapta y se amolda y no a lo mejor precisamente.
Y hay un fenómeno adicional: no solo estas figuras están subiendo.
También otros sectores están adaptándose a ese lenguaje, cuando expresiones, estéticas y códigos que antes eran marginales se vuelven norma —incluso en espacios formales o institucionales— estamos ante un cambio cultural profundo.
La pregunta de fondo, el problema no es un nombre, no es un caso… es la señal que se está enviando.
¿Qué estamos premiando? ¿Qué estamos validando?¿Qué estamos convirtiendo en aspiración?
Lo planteado por José Laluz no es una acusación aislada, es una advertencia y como toda advertencia, puede ignorarse… o puede analizarse a tiempo.
Porque cuando el éxito se mide solo por la exposición, sin importar el camino, la sociedad no solo cambia sus referentes. Cambia sus valores.