Cuando estalló la guerra entre Rusia y Ucrania y Occidente decidió sancionar el gas ruso, Europa entera sintió el golpe, pero no toda igual. Alemania, que bajo la presión del movimiento verde había desmantelado progresivamente su capacidad nuclear, quedó expuesta y negociando de rodillas, y no es difícil entender por qué, el 55% de su gas, el 35% de su petróleo y el 45% de su carbón venían de Rusia. Francia, que tomó la decisión políticamente incómoda de mantener sus plantas de energía atómica, dependía del gas ruso en apenas un 17%, y esa diferencia no es un detalle menor, es la que explica por qué Francia pudo abogar públicamente por sanciones que incluían embargo a los combustibles fósiles mientras Alemania las bloqueaba, no porque una fuera más valiente que la otra, sino porque una podía permitírselo y la otra no.
Eso es resiliencia energética, no es independencia total, porque nadie la tiene, sino la capacidad de aguantar el golpe sin ceder la soberanía en el proceso. República Dominicana lleva décadas sin construir nada parecido a eso.
No es un problema nuevo ni es exclusivo de este gobierno ni del anterior, es una deuda estructural que ninguna administración ha tenido ni el valor ni la visión de saldar. Dependemos del petróleo importado para casi todo, para encender las luces, para mover los vehículos, para sostener la industria, y cada vez que los mercados internacionales se agitan, lo sentimos en el bolsillo, en el presupuesto del Estado y en la factura que le llega al ciudadano de a pie que no tiene ni voz ni voto en lo que pasa en Medio Oriente y los números de estas últimas semanas lo dicen mejor que cualquier discurso.
El barril de crudo Brent estaba en 73 dólares antes de que escalara el conflicto con Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, lo empujó por encima de los 100 dólares en cuestión de días. El efecto llegó aquí de inmediato, como siempre llega, porque no tenemos dónde amortiguar. El presupuesto nacional aprobado para subsidios a los combustibles en 2026 fue de RD$13,748 millones para todo el año, una cifra calculada antes de que esa crisis explotara. La semana del 7 al 13 de marzo el gobierno destinó RD$544.8 millones para contener el impacto, ya eso era una señal de alarma, pero la semana siguiente el subsidio saltó a RD$1,189.8 millones, el doble, el monto más alto del año. En apenas diez semanas se consumió más del 21% de lo presupuestado para doce meses completos. Hagan la aritmética, que no es complicada, y la conclusión llega sola.
Y lo más difícil de digerir es que no hay excusa geográfica que valide esa dependencia, nuestra matriz energética es, según los propios datos regionales, la más dependiente del petróleo de toda América Latina y el Caribe, el 83% de nuestra electricidad viene de combustibles fósiles, gas natural, carbón y fuel oil, y ninguno de los tres lo producimos, todo es importado.
El 17% restante es renovable, solar, eólico, hidroeléctrico, biomasa, y el gobierno ha celebrado haber duplicado la capacidad instalada renovable desde 2020, lo cual es real y hay que reconocerlo, pero hay una diferencia entre tener paneles solares y poder usarlos de noche, y ahí está el problema que nadie explica con claridad, República Dominicana no tiene capacidad de almacenamiento instalada suficiente para aprovechar esa energía cuando el sol no brilla, los sistemas de baterías que lo permitirían están proyectados para 2027, no están hoy, lo que significa que cada noche el sistema vuelve a depender de los fósiles importados como si los paneles no existieran.
Tener la infraestructura a medias no es independencia, es decoración.
El embargo petrolero árabe de 1973 le mostró a Estados Unidos en carne propia lo que significa depender de lo que no controlas, y desde entonces, con avances y retrocesos, construyó una estrategia de diversificación que hoy le permite ser productor neto de energía, con márgenes que le dan tiempo para resistir crisis sin colapsar. China hizo algo similar combinando carbón, nuclear, solar y eólico en una transición tan acelerada que en 2025 su capacidad solar y eólica superó por primera vez a la del carbón, no porque haya resuelto el problema de la dependencia, sino porque decidió que reducir la vulnerabilidad era una prioridad de Estado y lo está ejecutando con una disciplina que en este lado del mundo quisiéramos ver. Ninguno de los dos es independiente en el sentido absoluto, pero ambos compraron tiempo, márgenes, capacidad de resistencia, que es exactamente lo que un país pequeño como el nuestro necesita en un mundo que, según los propios expertos en geopolítica energética, está redefiniendo jerarquías de poder donde los países sin estrategia propia quedan atrapados entre grandes potencias que compiten por recursos, rutas y tecnologías.
Los que no construyeron esa resiliencia no negocian, obedecen.
Tenemos ríos para más presas, sol todo el año para energía solar, vientos constantes para lo eólico, y capacidad para apostar a los desechos como fuente energética, como han hecho países con muchos menos recursos naturales que nosotros. No falta el recurso, falta la decisión política sostenida, la que no se toma en un período sino en varios, la que exige que la clase política y los poderes fácticos encuentren puntos en común más allá del color de la bandera que cada cual carga, porque este es el tipo de problema que no tiene partido, tiene país, o no lo tiene.
Y el mundo no está esperando que decidamos. La dependencia del petróleo sigue siendo un factor de vulnerabilidad que convierte cada crisis internacional en regiones productoras en un impacto inmediato en precios, inflación y estabilidad económica , y las crisis ya no son excepciones, son el nuevo ritmo del mundo. La pandemia nos mostró lo que pasa cuando dependes de cadenas de suministro que otros controlan. Esta crisis energética lo confirma. La pregunta no es si vamos a recibir otro golpe externo, la pregunta es si cuando llegue vamos a estar igual de desnudos que hoy.
Subsidiar es comprar tiempo, y a veces es necesario, pero un país que solo sabe comprar tiempo sin usar ese tiempo para construir defensas no está gobernando, está sobreviviendo. Y en un mundo que en vez de avanzar hacia la paz pareciese estarse preparando para la guerra, sobrevivir al día siguiente no es estrategia, es ruleta.
Excelente escrito. Mejor…imposible. Más que una atinada nota de prensa ha sido una cátedra breve y simple de lo que está ocurriendo actualmente y de lo que nos espera. Gracias.