Durante décadas el Sur dominicano escuchó la misma promesa: la presa de Monte Grande no sería solo una obra de ingeniería, sería el inicio de una nueva historia económica para la región Enriquillo. Agua para sembrar, energía para producir, empleo para quedarse.
Hoy la presa está llena de agua, pero el desarrollo todavía no llega.
Monte Grande es, probablemente, la obra hidráulica más importante construida en el país en generaciones. Controla inundaciones, protege comunidades y garantiza disponibilidad de agua. Nadie puede negar su valor estratégico ni el esfuerzo estatal invertido en ella.
Sin embargo, el problema no es la presa, el problema es lo que falta.
Desde su concepción, Monte Grande nunca fue solo un muro de contención. Era un proyecto múltiple: riego agrícola, hidroeléctrica, acueducto regional y dinamización económica del Sur. Pero hoy lo que existe es únicamente la primera etapa. Los canales de riego, la generación eléctrica y la distribución integral de agua potable siguen pendientes.
Y eso cambia completamente la ecuación, una presa sin sistema de riego no desarrolla agricultura, una presa sin hidroeléctrica no genera energía.
Una presa sin agua potable regional no transforma la vida cotidiana, en otras palabras: el país inauguró la infraestructura, pero todavía no ha inaugurado su propósito.
A esto se suma el drama humano. Comunidades desplazadas, indemnizaciones aún en proceso y familias que llevan años esperando soluciones definitivas. No se trata únicamente de cifras presupuestarias ni de debates técnicos; se trata de confianza. Cuando una obra se anuncia como la redención económica de una región, la población no espera un embalse, espera oportunidades.
Por eso las críticas no deben verse como oposición política ni como ataques al gobierno actual. Monte Grande no pertenece a una administración: ha atravesado varios gobiernos, contratos y retrasos. Precisamente por eso exige algo más que inauguraciones.
Exige continuidad, rl Estado dominicano ya hizo lo más difícil: construir la presa, ahora le toca lo más importante: cumplir la promesa.
Las obras complementarias no son un detalle técnico; son la razón de ser del proyecto. Sin ellas, Monte Grande será recordada como una gran obra de ingeniería… pero un fracaso de planificación. Con ellas, puede convertirse en el mayor motor de desarrollo del Sur en medio siglo.
El país no necesita buscar culpables, necesita terminar la obra, porque una presa llena de agua impresiona. Pero una región llena de oportunidades es lo que realmente transforma la historia.