Hace apenas unos días murió una niña al bajarse de un autobús escolar. La noticia pasó… y el país siguió.
No hubo indignación nacional, no hubo debate, no hubo cambios. Muchos lo asumieron como lo de siempre: “otro accidente de tránsito”.
Ayer ocurrió otra tragedia. Otra niña fallecida, Varios estudiantes heridos. Y entonces ahora sí comenzamos a preguntarnos qué está pasando…. O eso esperamos.
Pero la pregunta correcta no es qué está pasando hoy.
La pregunta es por qué no pasó nada la semana pasada.
En República Dominicana tenemos una contradicción muy peligrosa. Todos queremos leyes duras… hasta que nos toca a nosotros.
Cuando un familiar muere en la calle, exigimos cárcel.
Exigimos mano dura. Exigimos justicia.
Pero cuando el que provoca el choque es un conocido, un vecino, un amigo o incluso uno mismo… entonces hablamos de “imprudencia”, de “fue sin querer”, de “eso le puede pasar a cualquiera”.
Y ahí está el problema. Porque lo que está matando gente en este país no es solo la velocidad. Es la cultura.
Aquí muchos conductores ven un autobús escolar detenido y no piensan “hay niños cruzando”.
Piensan “si paso rápido me da tiempo”.
No es un accidente imprevisible.Es una decisión consciente.
Se decide no frenar.
Se decide rebasar.
Se decide arriesgar.
Y cuando no pasa nada, se refuerza la conducta.
Pero cuando pasa… aparece la tragedia.
La primera muerte no cambió nada. Una semana después tenemos otra. Eso tiene un nombre: normalización.
Nos acostumbramos tanto a violar la ley que solo reaccionamos cuando la víctima es cercana.
La realidad es dura: en República Dominicana hoy es más peligroso para un niño cruzar la calle frente a su escuela que muchas otras actividades consideradas de riesgo.
Y eso no se resuelve solo con educación vial. Se resuelve con consecuencias reales. Mientras la gente sienta que puede provocar una muerte y todo se resolverá con el seguro, nada cambiará.
Porque un choque es un accidente. Pero ignorar deliberadamente un autobús escolar detenido no lo es.
La pregunta que el país debe hacerse no es quién tuvo la culpa en este caso. La pregunta es otra:
¿Seguiremos llamando accidentes a tragedias que ya sabemos exactamente cómo ocurren?
Porque si en una semana ocurren dos hechos similares… entonces no estamos ante la mala suerte.
Estamos ante un problema social Y los problemas sociales no se resuelven con minutos de silencio.
Se resuelven cuando la sociedad decide que ciertas conductas simplemente dejan de ser tolerables.