En el marco del Domingo de Resurrección, el Papa Francisco hizo un llamado urgente a la humanidad a abandonar la lógica del dominio, el poder y la confrontación, en un mundo cada vez más marcado por conflictos armados, odio e indiferencia.
Durante su mensaje pascual —centrado en el significado de la resurrección como victoria de la vida sobre la muerte— el pontífice advirtió que la humanidad atraviesa un momento crítico, donde la violencia y la polarización parecen imponerse sobre el diálogo y la convivencia.
El Papa insistió en que la paz no será posible mientras prevalezca la obsesión por el control, el poder y la imposición, dinámicas que —según expresó— alimentan muchos de los conflictos actuales en distintas regiones del mundo.
En ese contexto, elevó una oración por la paz global, señalando que vivimos en una sociedad “adoctrinada por el odio y la indiferencia”, donde cada vez más personas se sienten impotentes frente al mal y al sufrimiento colectivo.
Francisco alertó sobre el peligro de normalizar la violencia y perder la sensibilidad ante el dolor ajeno, subrayando que la indiferencia no solo agrava las crisis, sino que debilita la capacidad de respuesta de las sociedades.
El mensaje de Pascua, una de las celebraciones más importantes del calendario cristiano, estuvo marcado por un tono reflexivo pero firme: la resurrección no es solo un símbolo religioso, sino un llamado a transformar la manera en que se ejerce el poder y se construyen las relaciones humanas.
En medio de guerras, crisis humanitarias y tensiones geopolíticas, el Papa planteó que la verdadera esperanza no vendrá de la fuerza ni de la confrontación, sino de la capacidad de la humanidad de renunciar al odio, recuperar la empatía y reconstruir desde la paz.