Más de 834 mil motociclistas fiscalizados en 2025, más de 81 mil motocicletas retenidas.
Las cifras son contundentes y reflejan un esfuerzo sostenido de las autoridades por hacer cumplir la Ley 63-17, sin embargo, también dejan al descubierto un desafío más profundo: la dificultad de transformar la conducta vial en República Dominicana.
Los operativos existen, la fiscalización es constante y las sanciones están establecidas, aun así, las infracciones persisten.
Circular sin casco, en vía contraria o sin documentación no son hechos aislados, sino prácticas que siguen repitiéndose en distintos puntos del país.
Esto plantea una pregunta clave: ¿por qué, pese a los esfuerzos, el comportamiento no cambia al ritmo esperado?
La seguridad vial no depende exclusivamente de la presencia de agentes en las calles. Depende también de: la conciencia ciudadana, la educación vial desde etapas tempranas y la percepción de que cumplir la ley es parte del orden colectivo
Cuando estas variables no avanzan al mismo ritmo que la fiscalización, los resultados tienden a ser limitados.
Uno de los grandes desafíos es lograr que las normas se cumplan de manera constante y generalizada.
Más que aumentar sanciones, el reto está en: fortalecer la aplicación uniforme de la ley, reducir espacios de informalidad y consolidar una cultura de respeto a las normas
Las cifras también reflejan que estamos ante una responsabilidad compartida, las autoridades tienen el rol de fiscalizar y regular.
Pero los ciudadanos tienen una responsabilidad directa en la forma en que utilizan las vías públicas.
Sin ese equilibrio, cualquier política pública encuentra límites, lo que está en juego, no se trata solo de orden en las calles, se trata de vidas.
En 2025, los accidentes de tránsito dejaron miles de fallecidos y lesionados, con una alta participación de motociclistas. Esto convierte la seguridad vial en una prioridad que va más allá del tránsito: es un tema de salud pública.
Las cifras de fiscalización no deben verse únicamente como un indicador de infracciones, sino como una oportunidad para fortalecer lo que aún falta.
República Dominicana ha avanzado en regulación y control, el próximo paso es consolidar una cultura de cumplimiento sostenida en el tiempo.
Porque al final, la seguridad vial no se construye solo con operativos… se construye con conciencia, consistencia y compromiso colectivo.