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En nuestra infancia, muchos de nosotros tuvimos la suerte de tener un pediatra que nos cuidaba y nos guiaba en nuestro crecimiento. Sin embargo, a medida que crecemos, nuestra forma de cuidar nuestra salud cambia y comenzamos a buscar especialistas para cada parte de nuestro cuerpo. Aunque esto puede ser beneficioso, a veces perdemos la figura central que nos conoce a profundidad y entiende cómo funciona nuestro organismo en conjunto.
La doctora Anahí B. Goicochea, médico internista y coordinadora médico de Proyectos de la Dirección Médica de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina, afirma que el internista es el médico de cabecera que nos acompaña y nos cuida durante toda nuestra vida adulta. Su formación se enfoca en comprender la complejidad del cuerpo humano maduro, lo que le permite ser nuestra guía constante y protector desde la juventud hasta la vejez.
Según la doctora Goicochea, el papel del internista se puede comparar con un rompecabezas, donde cada pieza es importante para que el sistema funcione en armonía. En el Departamento de Medicina Interna de Cedimat, se trabaja firmemente en la prevención, lo que incluye la detección temprana y la identificación de factores de riesgo. El internista evalúa y detalla el historial clínico, el estilo de vida y la herencia familiar del paciente para identificar señales pequeñas que pueden indicar un problema antes de que se convierta en una molestia real.
La ligera alteración en el azúcar o la presión arterial puede ser detectada y corregida con ajustes simples en la rutina diaria. Un cambio en la forma de hidratarse, mejorar la alimentación o integrar más movimiento al día puede ser todo lo que el cuerpo necesita para funcionar en armonía. Este enfoque se basa en el amor propio y el autocuidado, lo que se aleja de la medicina antigua que solo actuaba cuando ya se sentía mal.
La doctora Goicochea también destaca que cuando un paciente convive con condiciones de salud crónicas, el papel del internista se vuelve aún más valioso. El internista revisa el panorama del paciente con paciencia, simplificando sus tratamientos y asegurándose de que cada medicamento sea necesario y que el cuerpo lo reciba de la mejor manera posible. El trabajo del internista es escuchar las inquietudes del paciente, responder a sus dudas y brindar el tiempo y la atención que merece en cada consulta.
Finalmente, la doctora Goicochea concluye que visitar al internista debe ser un acto de rutina tan natural y positivo como darle mantenimiento preventivo a su hogar para asegurar que siempre sea un refugio seguro. Cuidar de uno mismo de forma integral es el mejor regalo que se puede dar a su propio futuro y a todos los que le aman.