Cada 8 de junio, el Día Mundial contra el Cáncer de Ovario debería servirnos para algo más que repetir mensajes de prevención. Debería obligarnos a mirar una realidad incómoda: en República Dominicana todavía muchas mujeres llegan tarde al diagnóstico, no porque no les importe su salud, sino porque el sistema, la cultura médica y la falta de información siguen fallando.
El cáncer de ovario es uno de los más peligrosos precisamente porque no suele anunciarse con señales claras. Puede confundirse con gases, inflamación abdominal, menopausia, estrés, aumento de peso o molestias digestivas. Y ahí está el drama: cuando una enfermedad grave se disfraza de malestar cotidiano, la prevención no puede depender únicamente de que la paciente “se dé cuenta”.
La Sociedad Dominicana de Oncología Médica ha hecho un llamado urgente a promover la detección temprana. Y ese llamado debe tomarse en serio. No basta con campañas ocasionales ni con publicaciones cada vez que llega una fecha conmemorativa. Hace falta educación sostenida, médicos de primer contacto mejor entrenados para sospechar a tiempo y mujeres con acceso real a consultas ginecológicas, estudios diagnósticos y tratamientos modernos.
En el país se estima que más de un centenar de mujeres son diagnosticadas cada año y que una proporción dolorosamente alta fallece por esta enfermedad. Pero incluso esas cifras deben preocuparnos doblemente, porque si nuestras estadísticas son incompletas, el problema puede ser mayor de lo que estamos viendo.
El cáncer de ovario también desnuda una desigualdad profunda: no todas las mujeres tienen la misma posibilidad de insistir, pagar estudios, buscar una segunda opinión o acceder a terapias innovadoras. Para una mujer con recursos, un síntoma persistente puede terminar en una consulta especializada. Para una mujer pobre, puede convertirse en meses de espera, automedicación o resignación.
Por eso este no es solo un tema médico. Es un tema de salud pública, de equidad y de responsabilidad institucional.
Hay síntomas que no deben normalizarse: distensión abdominal persistente, dolor pélvico, sensación de llenura rápida, cambios urinarios frecuentes, sangrado anormal o molestias digestivas que no desaparecen. No significa que toda mujer con esos síntomas tenga cáncer, pero sí significa que merece ser evaluada con seriedad.
República Dominicana necesita hablar más de cáncer ginecológico sin miedo, sin vergüenza y sin superficialidad. Necesitamos pasar del mensaje bonito de prevención a una política real de detección oportuna. Porque cuando el diagnóstico llega tarde, la medicina tiene menos margen, la familia sufre más y el país pierde vidas que pudieron tener otra oportunidad.
El cáncer de ovario es silencioso. El Estado, los médicos, los medios y la sociedad no pueden serlo también.