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Sentir sed indica que el organismo requiere reposición de líquidos, pero posponer la hidratación hasta ese momento puede resultar peligroso. Los profesionales de la salud advierten que la carencia de agua compromete el desempeño corporal y se vuelve un factor de riesgo, sobre todo en personas con afecciones cardíacas.
El líquido vital es indispensable porque participa en la regulación de la temperatura, el traslado de nutrientes, la eliminación de desechos y el correcto funcionamiento de órganos críticos como el cerebro, los riñones y el corazón.
Los especialistas recomiendan no esperar a la sensación de sed antes de beber, puesto que esa señal suele aparecer cuando el cuerpo ya ha reducido el volumen hídrico necesario para sus procesos.
Al disminuir el contenido de agua, el plasma sanguíneo se reduce, lo que concentra la sangre y obliga al corazón a ejercer mayor esfuerzo para mantener una circulación adecuada. No es que una ingesta mínima provoque un infarto, pero la deshidratación prolongada incrementa el riesgo, particularmente en quienes tienen antecedentes de enfermedades cardíacas, hipertensión u otros problemas cardiovasculares.
Otros sistemas también se ven afectados: la falta de hidratación produce cansancio, dificultad para concentrarse, cefaleas, mareos y merma el rendimiento físico y mental. Los riñones, que dependen del agua para expulsar desechos, disminuyen la producción de orina, la cual suele adquirir un tono más oscuro.
Señales que indican la necesidad de más líquido incluyen dolor de cabeza, mareos, problemas de concentración, orina escasa o de color intenso, calambres musculares, sensación persistente de hambre y aumento del ritmo cardíaco. La recomendación general sigue siendo alrededor de ocho vasos al día, aunque la cantidad exacta varía según edad, peso, nivel de actividad y clima. En regiones cálidas como la nuestra, la sudoración intensifica la pérdida de agua, por lo que es necesario consumir más, pero sin excederse en poco tiempo para evitar la hiponatremia. Por ello, los expertos sugieren beber de forma constante, llevar una botella a mano, hidratarse al despertar y acompañar cada comida con líquidos.