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Una alarmante situación de salud pública se vive en la República Democrática del Congo (RDC), donde la epidemia del virus del Ébola ha alcanzado un nivel crítico, convirtiéndose en el tercer brote más grande desde que se descubrió la enfermedad en 1976. La Unión Africana (UA) ha confirmado que, hasta el momento, el país congoleño acumula 635 casos confirmados y 127 muertes, mientras que la vecina Uganda ha detectado 19 contagios, incluyendo 14 casos importados del este congoleño.
El director general de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de África (CDC de África), Jean Kaseya, declaró en una rueda de prensa virtual que «en términos de número de casos confirmados, por ahora, este brote es el tercer brote de ébola más grande de los 20 brotes históricos de ébola que hemos tenido». Kaseya también expresó su esperanza de poder detener el brote y evitar que se convierta en el segundo o primer más grande de la historia.
La distribución de los casos por edad y sexo es un aspecto preocupante, ya que los jóvenes de entre 15 y 44 años representan el 62,2% de los contagios, mientras que los niños de hasta 4 años registran la mayor tasa de letalidad, alcanzando el 43,8%. Según Kaseya, «este es un grupo de población muy activo, estamos hablando de actividad minera. Estos jóvenes se están moviendo de un lugar a otro y están en contacto con muchas otras personas».
La situación es aún más crítica debido a la falta de recursos y personal en las zonas afectadas. Los trabajadores de la salud carecen de los medios necesarios para realizar entierros seguros y dignos, y solo disponen de siete equipos de los 49 necesarios. Además, solo cuentan con siete ambulancias y vehículos de los 98 necesarios, y el personal operativo alcanza apenas las 84 personas de las 500 requeridas para la emergencia.
El brote se corresponde con la cepa de Bundibugyo, cuya tasa de letalidad oscila entre el 30% y el 50%, y para la que no existe vacuna autorizada o tratamiento específico, según la Organización Mundial de la Salud. La situación es considerada de «alto» riesgo en África subsahariana y «bajo» a escala global. El director general de los CDC de África afirmó que «necesitamos tener fondos suficientes para llenar la brecha en un área que es crítica» y que «todavía estamos luchando porque no tenemos el financiamiento adecuado para abordar este problema».
La Unión Africana y la Organización Mundial de la Salud están trabajando juntas para abordar la situación y evitar que el brote se propague aún más. Es fundamental que se tomen medidas urgentes para contener la epidemia y proteger a la población afectada.