Por Jocelyn Parra (Cineasta)
SANTO DOMINGO – Ayer asistí a la premier de la película «Milly: La Reina del Merengue”, la producción más reciente de la directora dominicana Leticia Tonos, y salí de la sala de cine feliz, satisfecha y cargada de alegría y baile. Este filme no solo es un recorrido biográfico, sino una delicia audiovisual que captura la esencia
vibrante de la artista más icónica del género. Una producción que destaca por un equilibrio impecable entre la narrativa emocional, lo técnico y una puesta en escena musical de primer nivel.
Un diseño de vestuario maravilloso
Uno de los fuertes visuales más llamativos de la película es, sin duda, el vestuario, un trabajo que no solo recrea épocas, sino que utiliza la moda como una herramienta narrativa para mostrar la evolución de Milly desde sus inicios hasta su consagración. Las telas, las vistosas piezas en las coreografías y la atención al detalle elevan la estética del recorrido sentimental y musical de la protagonista.
Actuaciones con alma
La interpretación de los protagonistas conecta de inmediato con el espectador, los actores logran trascender la imitación: los sientes, los vives, los sufres y los celebras. La química en pantalla permite conectar con esa relación entre ellos sin necesidad de edulcorarla para vitorearla. Mención especial para Juan Carlos Pichardo, quien realmente le imprime un sentimiento protector a su personaje que
te lleva a apreciarlo y quererlo incluso en los momentos más controversiales de su vida.
Números musicales maravillosos
Las secuencias de baile afloran sentimientos que, por lo menos en mi caso, tenía reservados para musicales extranjeros. Qué bonito se siente poder tener esa experiencia sensorial con lo nuestro, con el Caribe. Coloridos, diversos, de alta factura y de esos que te dejan con ganas de verlos una y otra vez.
«Milly: La Reina del Merengue» nace siendo pieza clave en la filmografía dominicana al ser una película musical, pero desde ya puedo afirmar que no será un reconocimiento que solamente tendrá por ser la primera del género realizada en el país; es un reconocimiento ganado cuadro a cuadro por una historia bien
contada y maravillosamente ejecutada técnica y actoralmente. Vayan a verla, vayan a verla en pantalla grande; además, están asegurados el canto y el baile.