Por José Núñez
En política hay momentos donde el silencio también es una muestra de disciplina, madurez y respeto institucional. Lo ocurrido recientemente con la decisión de la Junta Central Electoral de prohibir las encuestas políticas fuera de los plazos establecidos ha dejado muchas interrogantes en el aire, especialmente dentro de los partidos políticos y, en nuestro caso, dentro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Lo primero que debemos decir es que no estamos de acuerdo con la manera en que se manejó esta situación. Si la Junta entendía que las encuestas podían alterar el ambiente político o generar ventajas indebidas, entonces la medida debió tomarse mucho antes. No ahora, cuando el debate ya está encendido, cuando sectores internos han utilizado esos números para posicionarse y cuando gran parte de la opinión pública ya tiene una percepción formada.
Las reglas deben ponerse desde el inicio, no cuando el juego ya comenzó.
Sin embargo, más allá de la decisión de la Junta, hay algo que preocupa todavía más: la desesperación de algunos compañeros del PLD por salir a fijar posiciones personales sobre cualquier tema sin esperar la orientación oficial del partido.
Y ahí es donde nace la gran pregunta: ¿por qué no se callan?
El PLD no puede convertirse en un espacio donde cada dirigente comunica lo que piensa de manera individual, como si se tratara de proyectos personales y no de una organización política con historia, estructura y dirección. Un partido no puede caminar con veinte voces distintas tratando de imponer narrativas diferentes todos los días.
El PLD tiene una sola línea de comunicación, no varias.
Las diferencias internas son normales en cualquier organización política, pero existe algo llamado disciplina partidaria. Hay temas sensibles que deben manejarse con prudencia y bajo los lineamientos institucionales. Cuando un dirigente sale públicamente a defender o atacar decisiones sin coordinación, termina debilitando la imagen colectiva del partido y enviando un mensaje equivocado hacia afuera.
La militancia observa. La sociedad observa. Y los adversarios políticos también observan.
No se trata de prohibir opiniones ni de limitar el pensamiento individual. Se trata de entender que cuando se pertenece a una organización política, especialmente a una tan importante como el PLD, hay responsabilidades que van más allá de los intereses personales o de las emociones momentáneas.
Hoy más que nunca el PLD necesita coherencia, serenidad y unidad. Necesita dirigentes que comprendan que los protagonismos individuales muchas veces terminan haciéndole daño al proyecto colectivo.
Porque al final, los partidos fuertes no son los que tienen más voces hablando al mismo tiempo, sino los que saben cuándo hablar, cómo hablar y, sobre todo, cuándo guardar silencio.