Bogotá, Colombia. — El expresidente Álvaro Uribe Vélez y la senadora Paloma Valencia reaccionaron rápidamente al cierre de la jornada electoral colombiana, interpretando los resultados de la primera vuelta presidencial como una señal de desgaste del gobierno de Gustavo Petro y un llamado a la reorganización de los sectores de derecha y centro de cara al balotaje del próximo 21 de junio.
Tras conocerse que Abelardo de la Espriella obtuvo el primer lugar en las votaciones y avanzó a segunda vuelta frente a Iván Cepeda, voces emblemáticas del uribismo no ocultaron su satisfacción y comenzaron a delinear la narrativa política que marcará la nueva fase de la campaña: convertir el balotaje en un plebiscito sobre el rumbo que ha tomado Colombia bajo la administración Petro.
El expresidente Álvaro Uribe, considerado aún una de las figuras de mayor influencia dentro de la derecha colombiana, llamó a la unidad de los sectores opositores y pidió respaldo para construir una mayoría política capaz de derrotar al progresismo en segunda vuelta.
Aunque con un tono más prudente que en otros momentos de alta confrontación política, Uribe insistió en la necesidad de “defender las instituciones, la seguridad y la confianza inversionista”, conceptos que históricamente han definido el discurso del uribismo y que reaparecen ahora como ejes centrales de la campaña.
La senadora Paloma Valencia, una de las voces más visibles del partido Centro Democrático y de la línea dura uribista, fue más frontal. En sus declaraciones y publicaciones posteriores al cierre electoral, interpretó el resultado como un voto de rechazo al actual gobierno y sostuvo que una parte importante de la ciudadanía expresó cansancio frente a la inseguridad, la incertidumbre económica y la polarización política.
Para Valencia, la segunda vuelta representa una oportunidad de “corregir el rumbo” del país y frenar la continuidad del proyecto político de Petro, mensaje que busca consolidar el voto conservador y atraer a sectores moderados preocupados por la economía y el orden público.
Las reacciones de Uribe y Paloma reflejan además un fenómeno político relevante: el intento del uribismo de recuperar protagonismo nacional luego de años marcados por desgaste electoral, divisiones internas y cuestionamientos judiciales que redujeron su capacidad de influencia.
Sin embargo, el desafío para la derecha colombiana no será menor. Aunque el resultado de primera vuelta muestra un escenario favorable, ganar el balotaje requerirá ampliar apoyos más allá de su base tradicional y seducir a votantes independientes y de centro que no necesariamente se identifican con el uribismo clásico.
La izquierda, por su parte, buscará presentar la segunda vuelta como una disputa entre continuidad social o retorno a modelos políticos que, según sus críticos, profundizaron desigualdades históricas.
Lo cierto es que Colombia entra en una campaña mucho más intensa, donde el respaldo —o el rechazo— de figuras como Álvaro Uribe y Paloma Valencia podría terminar pesando más de lo esperado en un país profundamente dividido.