@abrilpenaabreu
Durante años nos hemos acostumbrado a que las noticias sobre República Dominicana sean las malas. La corrupción, la inseguridad, los accidentes, las crisis políticas y los problemas sociales suelen ocupar los titulares. Pero de vez en cuando ocurre algo que también merece ser noticia.
Esta semana la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) confirmó que la República Dominicana salió del llamado Mapa Mundial del Hambre, tras reducir la prevalencia de la subalimentación hasta el 2.5 %, uno de los avances más importantes registrados por el país en materia de seguridad alimentaria durante las últimas décadas.
No se trata de propaganda. Tampoco de una percepción. Se trata de un indicador construido por un organismo internacional que mide cuántas personas no logran consumir los alimentos necesarios para llevar una vida saludable.
¿Significa eso que en República Dominicana ya no existe pobreza? No. ¿Que desapareció la desigualdad?Tampoco. ¿Que no hay familias que todavía pasan necesidades? Claro que las hay.
Pero una cosa es reconocer esos desafíos y otra muy distinta negar un avance objetivo.
Durante demasiado tiempo nuestro país apareció en ese mapa junto a naciones con enormes dificultades alimentarias. Hoy la realidad es distinta gracias a una combinación de crecimiento económico, expansión de los programas sociales, mayor producción agropecuaria, estabilidad en el abastecimiento y políticas públicas que permitieron mejorar el acceso a los alimentos.
Los logros de un país no pertenecen a un partido político, pertenecen a toda la nación. Porque cuando un niño deja de acostarse con hambre, no gana un gobierno, gana la sociedad.
Eso sí, salir del mapa del hambre no significa que la tarea terminó, hora viene la parte más difícil: mantener el resultado.
Todavía existen comunidades donde la alimentación depende de ayudas sociales, donde el costo de la canasta familiar golpea con fuerza y donde la inflación puede borrar rápidamente los avances conseguidos.
Por eso este reconocimiento de la FAO debe servir como un incentivo para seguir fortaleciendo la producción nacional, apoyar a nuestros agricultores, reducir el desperdicio de alimentos y garantizar que el crecimiento económico llegue también a quienes aún viven en condiciones de vulnerabilidad.
Criticar cuando las cosas se hacen mal es una obligación, pero reconocer cuando las cosas salen bien también es un acto de honestidad intelectual. Porque un país que aprende a celebrar sus aciertos tiene más posibilidades de corregir sus errores.
Hoy, por una vez, República Dominicana aparece en los titulares por una buena noticia y esa también merece ser contada.