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La selección de fútbol de Irán sigue avanzando en la Copa del Mundo, pero los desafíos que enfrenta fuera del campo siguen siendo un tema dominante en la conversación. En el partido contra Bélgica, un asistente que llevaba una camiseta con la bandera prerrevolucionaria de Irán fue detenido al intentar correr hacia el terreno de juego.
Antes del partido, el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Markwayne Mullin, afirmó que los iraníes habían intentado ingresar a alguien con vínculos directos con la Guardia Revolucionaria de Irán. La federación de fútbol de Irán rechazó enérgicamente estas afirmaciones, calificándolas de mentira rotunda e indefendible.
La federación también expresó su descontento con la política que ha interferido en el fútbol, incluyendo la prohibición de ingreso para algunos directivos y miembros del personal. El jugador Alireza Jahanbakhsh comentó que los jugadores están concentrados en recuperarse y prepararse para el próximo encuentro contra Egipto, y que no quieren seguir enfocándose en la situación complicada.
Los aficionados de la selección iraní mostraron opiniones divididas sobre el traslado del equipo para entrenar en México. Algunos consideraron que se le imponía una carga injusta, mientras que otros estaban encantados de tener un acceso más cercano a los jugadores. La federación ha advertido que presentará una queja ante la FIFA debido a las restricciones impuestas.
El equipo iraní viajó a Seattle para enfrentar a Egipto en el próximo encuentro, con la esperanza de que puedan adaptarse lo antes posible. Los jugadores expresaron su deseo de que se les permita llevar a todos los que están involucrados y que les ayuden, sin pedir nada más que el mismo procedimiento que para los otros 47 equipos.