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En el corazón del Vaticano, el papa León XIV ha marcado un hito significativo al completar su primer año al frente de la Iglesia católica, caracterizado por un enfoque metódico y estructurado que busca reforzar la unidad interna y promover el diálogo.
Desde su elección el 8 de mayo de 2025, el estadounidense-peruano Robert Prevost ha demostrado un liderazgo marcado por la prudencia y la sensibilidad, fruto de su experiencia como misionero y obispo en Chiclayo, Perú, donde desarrolló una profunda comprensión de las necesidades de los sectores más vulnerables.
Según el historiador de la Iglesia Massimo Faggioli, el primer año del pontífice se puede resumir en dos conceptos fundamentales: la unidad y la paz. León XIV entiende que una Iglesia cohesionada es esencial para proyectarse como un actor de reconciliación en el ámbito global, y por lo tanto, apuesta por un modelo de gobierno más funcional y organizado.
A diferencia del enfoque del papa Francisco, que enfatizaba la importancia de una Iglesia más dinámica y disruptiva, León XIV prioriza la concordia, la comunidad y la estabilidad institucional. Este enfoque ha permitido que sus decisiones sean bien recibidas por todos los sectores, tanto progresistas como conservadores.
Uno de los cambios más relevantes implementados por León XIV ha sido la transformación del modelo de asesoría papal. El pontífice decidió suprimir el denominado “G8”, un grupo reducido de cardenales creado por su predecesor, y lo reemplazó por un esquema más amplio y participativo, basado en consistorios y encuentros periódicos con todos los cardenales en Roma.
En el plano organizativo, León XIV ha impulsado una reconfiguración del equipo de gobierno, priorizando perfiles con sólida formación en derecho canónico. En marzo, nombró al arzobispo Antonio Randazzo como prefecto del Dicasterio para los Textos Legislativos, y el diplomático Paolo Rudelli asumió como sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado.
La periodista Elise Ann Allen, autora de una biografía reciente del pontífice, considera que estos movimientos reflejan una estrategia clara: reorganizar la estructura eclesial sobre bases más ordenadas, bajo la premisa de que muchos de los problemas actuales derivan de fallas en la gestión y en la aplicación del derecho canónico.
En cuanto a la crisis de abusos, León XIV ha reiterado su compromiso con una política de “tolerancia cero” y ha subrayado la importancia de escuchar a las víctimas como parte fundamental de la prevención. Durante su primer año, sostuvo encuentros relevantes, como el realizado en octubre de 2025 con la Junta Global de Víctimas de Abusos y otro en noviembre con víctimas en Bélgica.
No obstante, persisten cuestionamientos sobre la falta de avances concretos en algunos casos, lo que plantea uno de los principales desafíos pendientes del pontificado: traducir el discurso en reformas efectivas que garanticen justicia y transparencia.
En conjunto, el primer año de León XIV refleja un liderazgo prudente, enfocado en reconstruir equilibrios internos y sentar bases institucionales más sólidas, en un contexto donde la Iglesia busca recuperar cohesión y credibilidad.